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El Yanqui Lindo de Carrasco: Fuego Rápido pero Intenso

El Yanqui Lindo de Carrasco: Fuego Rápido pero Intenso

El Yanqui Lindo de Carrasco: Fuego Rápido pero Intenso 😈

Bueno gente, ¿qué tal?

Acá estoy otra vez, desparramada en el sillón del depto con un mate que ya está medio lavado y la cabeza que todavía no me termina de bajar. Anoche fue de esas noches que al otro día te dejan con cara de boluda sonriendo sola, así que necesito contarla.

Para las que recién llegan: este blog es mi lugar, mi rincón, donde largo todo lo que me va pasando en esta vida de acompañante VIP en Montevideo. Sin filtro, entre nosotras.

Y la de hoy tiene un protagonista yanqui que, además de lo esperable, me sacó una risa interna que no me la vi venir.

Ya van a entender.


El mensaje inesperado

Fue el martes. Tipo seis de la tarde estoy en la mía y me entra un WhatsApp.

Un tal Alex, de Nueva York.

Directo al punto pero con modales, que eso ya es raro.

Miren:

Alex: Hi Valentina, soy Alex de Nueva York.
Llego hoy por trabajo a Montevideo.
Me gustaría una compañía classy esta noche en el Sofitel de Carrasco. ¿Podés?

Yo: Buenas, Alex. Sí, estoy disponible.
¿A qué hora y qué onda con los detalles?

Alex: Nueve de la noche, suite 1204.
Te hago el depósito ya.

Y listo.

Ni una vuelta, ni un regateo, ni un “después arreglamos”.

Eso ya me cayó bien de entrada, no voy a mentir.


Preparándome para la cita

Me puse el vestido negro ese que me queda como si me lo hubieran cosido encima, tacos altos, un perfume que amo y que siempre me da confianza.

Salí sintiéndome linda.

Ustedes, ¿qué hacen antes de una cita para sentirse así?

Cuéntenme, bo, que me interesa.


Llegada al Sofitel

Llegué al Sofitel.

Ese hotel me encanta. Tiene algo, ¿viste?

Elegante pero no te hace sentir que estás de más.

Ahí en la rambla, con el mar atrás.

Subí, toqué la puerta.

Y bueno… ahí estaba Alex.

Alto, fácil 1.85.

Cuarenta y pico pero bien llevados, de esos tipos que las canas les suman en vez de restarles.

Pelo castaño, camisa blanca medio desabrochada, pantalón que le quedaba justo.

Y el olor, dios.

A madera y algo fresco que no sé qué era pero te dejaba pensando.

Ojos claros. Sonrisa de esas que parecen genuinas.

Hubo onda al toque.

Me miró de arriba abajo, pero no de forma incómoda.

Como con hambre, digamos.

Alex: Valentina, sos más linda en persona.

Yo: Vos tampoco estás nada mal para un viaje de laburo, eh.

Se rió.

Yo también.

Buen comienzo.


La suite y el clima

La suite era lo que esperás de un Sofitel:

  • Cama enorme
  • Luces bajitas
  • Una botella de champagne esperando en el hielo

Brindamos.

Hablamos un rato.

Me contó un poco de su vida en Nueva York, de finanzas, de un divorcio que se notaba reciente.

Manos grandes. Piel cuidada.

Se veía que no era la primera vez que hacía algo así.


El momento íntimo

La cosa fue subiendo sola.

Natural.

Me acerqué y lo besé suave, jugando con la lengua despacio.

Él contestó enseguida, con ganas, las manos recorriéndome la espalda.

Me sacó el vestido sin apuro y quedé en bombachita y corpiño.

Lo empujé a la cama.

Le besé el pecho.

Bajé por el abdomen.

Le saqué el pantalón.

Y ahí estaba, ya duro.

Buen tamaño.

Nada raro.

Perfecto.

Se lo chupé lento.

Me gusta así, saboreando, sintiendo cómo reacciona el otro.

Él gemía bajito, agarrándome el pelo con cuidado.

“Valentina… qué placer…”

Aceleré un poco.

Pero paré a propósito.

“Todavía no. Primero quiero que me des vos a mí.”

No necesité repetirlo.

Me dio vuelta.

Me bajó la tanga.

Y me lamió como si tuviera un mapa de mi cuerpo.

Lengua en el clítoris.
Dedos donde tenían que estar.

Yo arqueada, empapada, gimiendo sin ningún tipo de vergüenza.

“¡Sí, así… no pares!”

Todo olía a piel caliente.

A ganas.

Me vine dos veces, temblando entera.


El primer round (exprés)

Después vino el sexo.

Me subí arriba, cabalgando despacito al principio.

El ritmo fue subiendo.

Él guiándome las caderas.

Los gemidos de los dos mezclados.

Cambiamos.

Él arriba.

Embistiendo fuerte.

Sudor.

Cuerpos chocando.

Todo muy intenso.

Y ahí…

¡zas!

Se vino.

“I'm cumming!”

Diez minutos de penetración.

Ponele.

Capaz menos.

Yo todavía en llamas y él ya en otro planeta.

Nos miramos.

Y nos reímos los dos.

“Jet lag… y vos demasiado buena.”

Le compré esa.


Segunda ronda en la ducha

Después repetimos en la ducha.

Agua caliente.

Él atrás.

Esta vez más lento.

Más atento.

Duró bastante más.

Y terminamos juntos.

Ahí sí.

Redondo.


El final de la noche

Después todo fue tranqui.

Me abrazó un rato.

Pedimos algo de comer.

Charlamos de boludeces.

Nada incómodo.

Nada raro.

Me pagó bien.

Con extra.

Se despidió con un beso largo.

“Vuelvo pronto.”

Capaz sí.

Capaz no.

Pero la noche estuvo linda.

Sexo con química de verdad.

Aunque el primer round haya sido modo exprés.

Para las que andamos en esto, un cliente así vale mucho.

Posta.


Y ustedes…

Les pregunto:

¿Prefieren lo intenso y cortito o lo largo y tranquilo?

¿Tienen algún truco para hacerlos durar más?

Dejen comentario.

Los leo todos.

Besos desde Montevideo 😏🍷

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